martes, 27 de mayo de 2008

Fátima

Si pasas por Portugal, seas creyente o no, tienes que conocer Fátima, a 140 kilómetros de Lisboa; pasa lo mismo que con Lourdes que ya comenté la semana pasada. Junto a las ciudades de Aveiro, Coimbra y Leiria (donde se celebra un gran campeonato de BMX cada año...) integran la denominada Costa de Plata.

Casi a la orilla del mar está Fátima, conocida por su basílica y las apariciones de la Virgen María a los tres pastorcitos (Lucía Dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto), entre mayo y octubre de 1917. Su desarrollo se originó con la construcción del Santuario, lo que le permitió convertirse en ciudad en 1997.

El Santuario de Fátima empezó su construcción en 1928 y fue consagrado en 1953. La basílica cuenta con una torre de 65 metros de altura, que remata con una gran corona de bronce y una cruz de cristal, custodiada por dobles columnatas menores de cada lado. Se sitúa frente a una gran plaza en la que se está la Capilla de las Apariciones, y está rodeada por hospitales y casas de retiro.

Los visitantes relatan curas y milagros producidos en el lugar, y el Papa Juan Pablo II, que atribuía a la Virgen de Fátima su salvación en el atentado sufrido en 1981, visitó el santuario en el año 2000.

Es recomendable recorrer Fátima en el típico trenecito, en el puedes llegar hasta el Caserío de Aljustrel donde hay tiendas y referencias religiosas, tales como la Casa de Jacinta y Francisco, la Casa de Lucía y El Pozo (lugar donde el Ángel Guardián habló a los niños). También hay que pasar por el Vía Crucis y el Calvario...

El último catón

Bajo el suelo de la Ciudad del Vaticano, encerrada entre códices en su despacho del Archivo Secreto, la hermana Ottavia Salina, paleógrafa de prestigio internacional, recibe el encargo de descifrar unas extrañas escarificaciones aparecidas en el cadáver de un etíope: siete letras griegas y siete cruces. Junto al cuerpo se encontraron tres trozos de madera aparentemente sin valor. Todas las sospechas van encaminadas a que esos pedazos pertenecen, en realidad, a la Vera Cruz.

Acompañada por el profesor Boswell, un Arqueólogo de Alejandría y por el capitán de la Guardia Suiza Vaticana, Kaspar Glauser-Röist, la protagonista deberá descubrir quién está detrás de la misteriosa desaparición de las reliquias en la iglesias de todo el mundo y vivirá una aventura llena de enigmas: siete pruebas basadas en los siete pecados capitales en las que Dante Alighieri y el Purgatorio de la Divina comedia parecen tener las claves. Unas pruebas que les llevarán a siete ciudades (Desde Roma a Antioquía, pasando por Rávena, Atenas, Jerusalén, Constantinopla y Alejandría) en un arriesgado y emocionante itinerario en el que tratarán de averiguar quién es el último Catón y que defiende o guarda esa secta.

Éste es el argumento de este libro de la escritora Matilde Asensi, un libro que, desde la primera página, engancha. No se hace en nigún momento ni pesado ni predecible y, bajo mi punto de vista es infinitamente mejor que El codigo Da Vinci y otros libros del mismo palo.